jueves, 28 de mayo de 2009

¿Qué curriculum tiene carácter dominante?

Por Edgardo Gómez García
Profesor del Liceo


Para abordar el tema tomaré la expresión: experiencia escolar cotidiana. Podríamos entenderlo como el mundo liceano en el que podemos ser comprendidos por nuestros semejantes y podemos actuar juntos con ellos. Lo que es aplicable tanto a los alumnos como los profesores. El mundo de la vida cotidiana (en nuestro caso el de la experiencia escolar cotidiana), es el mundo intersubjetivo en que la realidad es compartida y entendida como válida por todos, un marco común de interpretación. Nos es posible actuar en el mundo cotidiano, porque heredamos y creamos un conjunto de experiencias previas que se producen y reproducen constantemente y nos hacen posible actuar y hacen que la realidad nos sea comprensible y manipulable. La experiencia en nuestras vidas adquiere un gran valor, ella nos va mostrando el mundo, por ende, las posibles formas de representación de la realidad. Es en ella, en la experiencia, que vamos desarrollando el conocimiento no tan sólo de las cosas, sino de los demás, de las formas que adquiere la relación con los demás y de nosotros mismos, y las narraciones que dan cuenta de los significado de las cosas y el sentido de las acciones.

En la vida escolar, estudiantes y nosotros los profesores, aprendemos nuestro rol y se tipifica el actuar en la medida que se aprende lo que en una escuela en particular se acostumbra. La experiencia escolar cotidiana, es decir, el conjunto de prácticas diarias en la escuela hace posible a esos actores apropiarse de conocimientos, valores, formas de vivir y de sobrevivir que se desarrollan en la escuela, es formadora condicionando el carácter y sentido de lo que se puede aprender en la escuela.

Llega a tal punto, su importancia, que ese conjunto de prácticas significativas para alumnos y profesores, son de vital importancia para el desarrollo del curriculum oficial, y de las posibilidades de materializarse de éste. En otras palabras el curriculum oficial normativo depende de la complejidad de la cotidianeidad de la escuela. Ésta experiencia escolar cotidiana, se expresa de modo explícito o tácito en las formas de transmitir el conocimiento, en la organización misma de las actividades de enseñanza y en las relaciones institucionales que sustentan el proceso escolar.

Hay un curriculum que actúa de manera eficaz en el proceso de aprendizaje de los alumnos, es lo que se conoce como currículum oculto que adopta un carácter mucho más real, pues es él el que aporta sentido ya que está lleno de significados. Correspondiendo al conjunto de normas, costumbres, creencias, lenguajes y símbolos que se manifiestan en la vida cotidiana de la escuela, y que no son declaradas oficialmente. Provee a los actores escolares de un conjunto de significados compartidos y un marco referencial para interpretar y actuar. Corresponde a la cara informal de la organización.

El curriculum oculto afecta especialmente a nosotros los profesores, ya que nos resulta complejo de entender que el proceso de integrarse a una organización, implica apropiarse de su cultura, ya sea por convencimiento o por necesaria sobrevivencia. Somos nosotros, los profesores, los que enseñamos tanto el curriculum oficial como el curriculum oculto, por ejemplo, con lo que los alumnos entienden de lo que es aprender. A aprender se aprende, y el aprender como objeto de aprendizaje se desarrolla en un proceso, por un lado constructivo (personal) y, por otro social (mediado). Desde este punto de vista, el aprender en la experiencia cotidiana de la escuela, implica participar en ciertos rituales y usos, que influyen en la comprensión que tendrán los alumnos de lo que es aprender y sus posibilidades. Ello porque en las prácticas institucionalizadas de enseñanza, los profesores señalan explícita o implícitamente el qué, el cómo y para qué aprender. Dichas prácticas históricamente conformadas, es decir, corresponden a lo dado en la vida cotidiana de la escuela, son las formas que los propios profesores le han dado al proceso social de aprender.

Por último, y para responder la pregunta inicial, ¿qué han aprendido nuestros alumnos? Tomemos por el ejemplo el valor que le brindan a las pruebas.

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